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Hepatitis B y C: tratamientos naturales que funcionan

La hepatitis es una inflamación del hígado que tiene como consecuencia la

destrucción de hepatocitos, las principales células del hígado. Puede tener su origen en una infección (virus, bacterias…), ser de origen inmunitario (hepatitis autoinmune…) o tóxico (alcohol, fármacos…). Si la inflamación es reciente (menos de seis meses), se llama hepatitis aguda; y si se prolonga durante más de seis meses, se convierte en una hepatitis crónica.

Hay numerosos virus que pueden provocar la inflamación del hígado. En la actualidad existen cinco clases de hepatitis víricas: A, B, C, D y E.

 

  • La hepatitis A es una enfermedad aguda de corta duración que produce la

inflamación del hígado. Aunque en general se cura bastante rápido, en personas mayores o con deficiencias inmunológicas puede causar serios problemas, incluyendo la muerte. Además, existe una forma muy grave de esta

hepatitis, llamada hepatitis fuminante o fallo hepático fulminante, que se caracteriza por su inicio súbito y rápido avance, que causa una necrosis masiva

del hígado. En la hepatitis A, si ya ha pasado esta infección una vez, nunca más la volverá a tener. No hay ningún protocolo específico que haya que seguir cuando se tiene hepatitis A, a excepción de dividir el consumo de alimentos en varias comidas pequeñas a lo largo del día, porque se suele tener menos apetito, beber lo suficiente y tomar fruta y verdura en abundancia.

 

  • La hepatitis D sólo infecta a las personas con hepatitis B, lo que puede incrementar el riesgo de desarrollar una enfermedad grave en el hígado. Por

suerte, es una enfermedad poco común.

 

  • La hepatitis E, al igual que la hepatitis A, es una enfermedad aguda de

corta duración. Puede dar problemas durante el embarazo. Si ya ha pasado

la infección del virus de la hepatitis E una vez, nunca más la volverá a tener.

 

¡Atención!: El virus de hepatitis G es un virus RNA de la familia flavivirus con una homología aminoacídica de 29% con el virus de hepatitis C. El virus G se transmite por vía parenteral, en forma similar a los virus de hepatitis B y C, pero no hay una evidencia clara de que este virus cause enfermedad hepática

(es posible que sea un agente asociado infrecuentemente a hepatitis aguda post-transfusional leve).

Las dos enfermedades infecciosas del hígado más problemáticas y más complicadas de tratar son la hepatitis B y C, especialmente la C.

En este Dossier le ofrezco una serie de indicaciones terapéuticas naturales que pueden ayudar a reforzar la eficacia de los tratamientos. En todo caso, antes de ponerlas en práctica debe consultar con su médico o con el equipo médico que le esté tratando, ya que existen contraindicaciones.

 

La hepatitis B

La hepatitis B puede causar lesiones graves en el hígado en las personas que viven durante un largo período de tiempo con el virus (infección crónica). Se transmite por la sangre o los fluidos sexuales (semen o secreciones vaginales) que entran en contacto con la sangre; esto sucede cuando las mucosas se encuentran deterioradas. Los tatuajes, piercings o escarificaciones realizadas con instrumentos contaminados pueden ocasionar una infección.

El virus de la hepatitis B también puede transmitirse de la madre al hijo durante el parto.

La mayoría de las personas (90-95%) infectadas en la edad adulta están enfermas durante un período breve de tiempo y su cuerpo se deshace del virus de forma natural. Menos de la mitad presentan síntomas, que en una infección aguda pueden parecerse a los de la gripe, así como ir acompañados de dolores musculares, náuseas, vómitos, fatiga e ictericia (estado de color amarillento de la piel debido a un aumento de los niveles sanguíneos de bilirrubina).

Pero muchas personas no tienen ni un solo síntoma y no saben que están infectadas. Y valga como ejemplo mi experiencia personal: hace unos años, cuando quise donar sangre, me enteré de que había estado en contacto con el virus y de que lo había eliminado. El rastro de este contacto permanecía en

forma de anticuerpos, pero yo no recordaba haber tenido ninguna infección. La única consecuencia es que no puedo donar sangre, ya que la presencia de anticuerpos, aunque no haya infección, es motivo de exclusión.

En el 5-10% de los casos, la hepatitis B adquiere un carácter crónico (en los bebés, la evolución hacia una forma crónica ocurre en el 90% de los casos) que puede ir acompañada de lesiones en el hígado.

Para el 15-25% de los enfermos crónicos, dichas lesiones derivan en enfermedades graves como la cirrosis o el cáncer.

En los países desarrollados, la hepatitis B en los adultos se transmite casi siempre cuando se tienen relaciones sexuales sin protección y al inyectarse drogas ilegales por vía intravenosa. La prevalencia de casos de hepatitis B está actualmente en España entre un 1,5 y un 2 por ciento. Actualmente la padecen

casi un millón de personas; gracias a la vacuna se ha reducido el número de personas infectadas.

 

Hepatitis C

Fatiga, síndrome pseudogripal, ictericia, dolores abdominales, náuseas y falta de apetito pueden ser manifestaciones de una infección por hepatitis C, aunque en el 80% de los casos las personas infectadas no presentan ningún síntoma.

Mientras que el virus de la hepatitis B se elimina por sí mismo en el organismo, el de la hepatitis C sólo lo elimina un pequeño porcentaje de las personas infectadas. En el 75-85% de los casos, éste se queda en el cuerpo y aparece una infección crónica. En el trascurso de unas pocas décadas, entre el 50% y el 60% de los enfermos desarrolla una forma de leve a moderada de enfermedad crónica del hígado, que puede dar lugar a una fibrosis. Alrededor de un 10-20% sufre una enfermedad más grave, que puede derivar en cirrosis y, en algunos casos, en cáncer de hígado. La mayoría de los pacientes no tienen ningún síntoma hasta una etapa avanzada de la enfermedad.

En España hay diagnosticados unos 100.000 pacientes. Algo más de la mitad sufren la enfermedad en una fase avanzada.

 

Las reglas que hay que seguir cuando se tiene hepatitis B o C

 

> Evitar algunos glúcidos

Los glúcidos con un índice glucémico alto (por ejemplo, lo contienen muchos productos de panadería, sobre todo los elaborados con harina blanca, los dulces, las chocolatinas, la mayoría de los cereales del desayuno, la mayoría de los platos elaborados con patatas…), si las personas sedentarias los consumen en exceso, están directamente relacionados con la esteatosis hepática no alcohólica (o hígado graso), une afección del hígado que hace que éste se parezca al famoso foie gras provocado por la ingesta forzada de maíz por parte de las aves.

En Estados Unidos se calcula que entre el 30% y el 50% de los adultos tienen hígado graso. Un reciente estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition ha demostrado que, a la hora de reducir la esteatosis hepática, es más eficaz una dieta pobre en alimentos feculentos que una simple dieta hipocalórica. El estudio se llevó a cabo con 18 voluntarios obesos afectados por esta enfermedad, que durante dos semanas siguieron ya sea una dieta hipocalórica, o bien una dieta pobre en glúcidos.

La dieta hipocalórica permitió disminuir en un 42% el nivel de grasas del hígado, mientras que la dieta pobre en glúcidos provocó una reducción del 55%. Para Elvire Nérin, ingeniera especialista en alimentación y coautora del libro Le Nouveau Régime IG (“La Nueva Dieta IG”), “las personas sedentarias que siguen una dieta de alto índice glucémico (IG) tienen más grasas corporales, incluso en el hígado. Y al revés, una dieta de IG bajo o moderado permite adelgazar o estar delgado.” Por tanto, en los casos de hepatitis está desaconsejado seguir una dieta a base de glúcidos de índice glucémico alto

(salvo por recomendación médica), ya que puede acelerar la evolución de la enfermedad.

 

> Adelgazar y controlar el nivel de azúcar en la sangre

El riesgo de transición hacia un cáncer de hígado es mayor si se es obeso o diabético, dos condiciones asociadas a la esteatosis hepática (de la que le he hablado en el punto anterior) y a una secreción crónica y excesiva de insulina, por tanto, a un estado de inflamación crónica. Para hace frente al sobrepeso

existen múltiples soluciones que ya he comentado en varias ocasiones en Los Dossiers (la dieta Atkins, la dieta IG de bajo índice glucémico, la dieta Paleo, Weight Watchers…).

A diferencia de lo que a menudo piensan pacientes y médicos, la diabetes es una enfermedad potencialmente reversible si no hace mucho que ha comenzado (menos de 3-5 años). Se puede salir de ella haciendo ejercicio a diario (incluso aunque sólo sea caminar) y siguiendo una dieta pobre en calorías durante dos meses (menos de 1.000 calorías al día), con especial cuidado a la hora de seleccionar los glúcidos (nada de alimentos feculentos, sobre todo legumbres). El objetivo es hacer que el hígado literalmente

adelgace ya que, aunque no se esté obeso, el punto de partida de la diabetes probablemente sea la infiltración de grasas en el hígado, que de rebote conduce a una hiperinsulinemia y a una resistencia a la insulina. Los estudios realizados hasta ahora muestran que un porcentaje significativo de pacientes que sigue una dieta de este tipo se cura definitivamente de la diabetes.

 

Por supuesto, antes de lanzarse a una dieta de esta clase, consúltelo con su médico para asegurarse de que en su estado no está contraindicada y para prevenir los posibles déficits que pueda conllevar. Esta dieta requiere supervisión médica.

 

> Evitar el alcohol

Hay que abstenerse de beber alcohol y, si no se consigue, hay que pedir ayuda a un médico (existen medicamentos eficaces como el baclofeno), porque el alcohol agrava los daños ocasionados por el virus en el hígado.

 

> Si fuera necesario, vacunarse

Todas las personas que tengan una enfermedad crónica del hígado deberían vacunarse contra la hepatitis A, y las personas con hepatitis C crónica deberían pensar en vacunarse contra la hepatitis B.

Todavía no existe una vacuna contra la hepatitis C.

 

> Evitar los excesos de hierro

Hay que evitar tomar dosis altas de hierro, pues el cuerpo no tiene ninguna forma de eliminar el exceso de hierro, de manera que se acumula en los tejidos y órganos, incluido el hígado.

Demasiado hierro puede provocar una fibrosis del hígado (fibrosis hepática) incluso en las personas sanas, y también puede incrementar el riesgo de desarrollar un cáncer de hígado.

Las fuentes de hierro más comunes son la carne roja, el embutido, los alimentos enriquecidos en hierro (lácteos, cereales del desayuno) y los suplementos multivitamínicos que contienen hierro. La carne roja y las embutidos contienen el llamado hierro hemo, de origen animal y de gran biodisponibilidad, a veces incluso demasiada, sobre todo si se es hombre (de cualquier edad) o mujer mayor de 50 años.

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCFR, en sus siglas en inglés) desaconseja consumir embutido de forma habitual y recomienda no comer más de 500 g de carne roja a la semana.

El hierro no hemo (o hierro hemínico), de origen vegetal, se absorbe correctamente, sobre todo si la comida también aporta vitamina C (o citratos y malatos); de ahí que sea importante consumir grandes cantidades de fruta y verdura.

En un estudio se demostró que el simple hecho de añadir 63 mg de vitamina C a una comida vegetariana permitió multiplicar por tres la absorción de hierro. La fermentación (el chucrut, por ejemplo)mejora también la asimilación del hierro. En cambio, los taninos (que se encuentran especialmente presentes en el té) frenan su absorción. El exceso de calcio y zinc puede asimismo alterar

la asimilación de hierro.

Cuando se tiene una enfermedad crónica, resulta tentador recurrir a suplementos alimenticios, pero una gran cantidad de los complejos multivitamínicos que están a la venta contienen hierro. Todas

estas fórmulas deberían evitarse de forma sistemática.

Aunque no es una práctica muy frecuente, se puede prevenir el exceso de hierro extrayendo sangre mediante una sangría que puede practicarse en el hospital o en casa por parte de un enfermero. Se trata de llevar a cabo sangrías periódicas de 300 a 500 cc para rebajar los niveles de glóbulos rojos y hemoglobina en pacientes con enfermedades que aumentan estos niveles. El exceso de hierro provoca enfermedades como la hemosiderosis y hemocromatosis.

También se puede aprovechar el papel inhibidor de los taninos y beber té en las comidas para frenar la absorción del hierro alimenticio.

 

> Una reflexión sobre la hemocromatosis

La hemocromatosis es una enfermedad por la que se produce una acumulación excesiva de hierro en el cuerpo. Existen dos tipos: la forma primaria es una enfermedad genética, en la que el hierro tiende a acumularse en el cuerpo de las personas afectadas, en concreto en el hígado.

La forma secundaria se origina por otros trastornos, como un gran número de trasfusiones de sangre, o un alcoholismo de larga duración. Si no se trata, el exceso de hierro puede provocar daños en el hígado; por eso es importante ocuparse de ella cuanto antes una vez diagnosticada para evitar otras complicaciones (entre ellas, enfermedades del hígado, cirrosis, insuficiencia hepática, cáncer de hígado, enfermedades cardiovasculares, inflamación articular o diabetes).

 

> No fumar

El tabaco es un enemigo del hígado. El tabaquismo impide al hígado realizar su función de desintoxicación y priva también de sustancias importantes para defenderse de la enfermedad, empezando por antioxidantes como la vitamina C. Además, nos vuelve más sensibles a la toxicidad de los medicamentos.

 

>No fumar marihuana

Los estudios demuestran que el consumo de cannabis puede provocar daños en el hígado, además de anular la función inmunitaria y favorecer el desarrollo de enfermedades.

Las personas con hepatitis C que consumen cannabis a diario son más susceptibles de sufrir una fibrosis grave que puede derivar en cirrosis del hígado.

Quizá haya oído hablar de que el consumo ocasional o terapéutico de cannabis puede ayudar a hacer frente a los tratamientos y a sus efectos secundarios. En cualquier caso, si se plantea consumir cannabis durante el tratamiento debe saber que puede hacerle más mal que bien, así que es necesario que lo hable

con su médico (nada de consumirlo por su cuenta).

 

> Evitar algunas plantas

Plantas como la consuelda (del género Symphytum), el camedrios (del género Teucrium), el kava (Piper methysticum), la esculetaria (Scutellaria) y el cohosh negro (Cimicifuga racemosa) se han visto implicadas en trastornos hepáticos o se sospecha que pueden dañar el hígado, así que deben evitarse.

 

> Evitar algunos medicamentos

Varios medicamentos pueden resultar tóxicos para el hígado, en concreto los que contienen codeína y corticosteroides.

Se debe tener cuidado también con la tetraciclina (un antibiótico) y algunas benzodiacepinas (ansiolíticos: diazepam –Valium- y temazepam –Normison-).

El paracetamol puede resultar tóxico para el hígado cuando se toma de manera habitual durante años. Además, las personas que tienen una enfermedad crónica del hígado no deberían consumir más de 2.000 mg/día (menos, si es posible).

El mismo mensaje de prudencia se debe también aplicar con relación a la aspirina, el ibuprofeno y el diclofenaco.

 

Qué más se puede hacer

 

> Tener suficiente vitamina D

Hay varios motivos para ello. Sabemos que el déficit de vitamina D favorece las enfermedades del hígado (hepatitis, cirrosis y esteatosis hepática). Además, algunos estudios recientes han demostrado que los suplementos de vitamina D mejoran la eficacia de los tratamientos (interferón, ribavirina)1.

Por eso, le aconsejo que controle con regularidad su nivel de vitamina D en su forma circulante y que, si es demasiado bajo, lo corrija, pues nunca debe estar por debajo de los 30ng/mL ó 75nmol/L.

En época de frío, un nivel demasiado bajo se corrige tomando ampollas de vitamina D3 recetadas por el médico o suplementos alimenticios de venta sin receta (comprimidos, gotas, etc). Y cuando hace buen tiempo, tomando brevemente el sol todos los días soleados, con la cara protegida.

 

> Tener suficiente zinc

El zinc desempeña un papel importante en el mantenimiento de la integridad del hígado, y las enfermedades hepáticas suelen venir acompañadas de una disminución del zinc en plasma. Además, varios estudios han demostrado que un suplemento de zinc (30-40mg/día) mejora la eficacia de los tratamientos antivirales en los casos de hepatitis C.

Asimismo, el zinc se ve como un medio esperanzador para frenar los mecanismos que producen fibrosis, en particular en los casos en los que la cirrosis es de reciente aparición.

El zinc puede servir para prevenir la disminución del número de glóbulos blancos (leucopenia, trombocitopenia) que a menudo experimentan los enfermos crónicos de hepatitis con fibrosis de edad avanzada2. Todavía no hay demasiados estudios sobre el tema, pero se trata claramente de un camino

que debe explorar junto al médico que le esté tratando, sobre todo cuando el nivel de zinc no sea óptimo.

Los suplementos de zinc en dosis moderadas no presentan ningún riesgo en particular. En dosis altas, aparentemente más de 50 mg/día, pueden provocar un déficit de cobre y disminuir la inmunidad.

 

> Beber té verde

El té verde resulta interesante para los casos de hepatitis virales. Inhibe de forma experimental la replicación del virus de la hepatitis C y ejerce unos efectos antiinflamatorios especialmente útiles para controlar la evolución de la enfermedad3.

Mi recomendación es beber 3 ó 4 tazas de té fuera de las comidas para evitar alterar la absorción dehierro.

¡Atención!: según un estudio británico, los tés más baratos (de baja calidad) son demasiado ricos en flúor. No dude en comprar té de calidad para evitar una intoxicación de flúor (ver recuadro en la página siguiente).

Visite nuestra web: www.saludnutricionbienestar.com página 6/9

 

 

> Tés baratos: ojo con el flúor

En un estudio, los investigadores analizaron los niveles de flúor de 38 bolsitas de té baratos de los que se venden en el supermercado y de otros tés de marca. Se preparó una infusión con cada bolsita y agua hirviendo durante dos minutos, y los investigadores valoraron la cantidad de flúor ingerido por aquellos que de media beben cuatro tazas al día (alrededor de un litro). Se considera que no deben consumirse más de 3-4 mg de flúor al día, incluso menos.

La planta de té acumula flúor al crecer. Las hojas más antiguas son las que contienen una mayor cantidad y también las que se utilizan para los tés de calidad inferior. Los brotes y las hojas más nuevas quedan reservados para los tés de marca y calidad superior.

Así, de media, un litro de té barato contenía 6 mg de flúor, es decir, el triple de los aportes recomendados.

Las diferencias entre los tés baratos y los tés de marcas de calidad son evidentes en el caso de los tés negros y verdes. En este estudio, el té que presentaba las concentraciones más pequeñas de flúor, con una media de 0,7 mg/L, fue el oolong (té chino también conocido como “té azul”).

 

> Plantearse tomar un suplemento de proteínas de soja

Las proteínas de soja podrían tener un efecto protector sobre el hígado, si hacemos caso a trabajos recientes y, en concreto, a un estudio controlado, aleatorizado, en el que cada día, durante 12 semanas, se le suministró a enfermos de hepatitis C crónica un suplemento de 32 g de proteínas de soja, o bien un suplemento de proteínas de la leche. Los dos tipos de proteínas disminuyeron las esteatosis en ambos grupos, pero sólo el grupo “soja” experimentó una reducción del nivel de la enzima alanina aminotransferasa o

ALT (anteriormente conocida como GPT, transaminasa glutámico-pirúvica) en la sangre, una enzima que indica el nivel de afección hepática.

En los casos de fibrosis grave, gamma glutamil transpeptidasa elevada y nivel bajo de colesterol HDL, las proteínas de soja impidieron la aparición de esteatosis hepática en el 75% de los casos, por lo que parece

que son interesantes a la hora de controlar la inflamación en algunos pacientes de hepatitis crónica4.

 

> Plantearse tomar un suplemento de S-Adenosil metionina (SAMe) y de betaína

La SAMe es una sustancia natural antioxidante, precursora del glutatión, un potente desintoxicante celular.

La betaína es otra sustancia natural que se caracteriza por su capacidad para donar grupos metilo (CH3) en algunas reacciones bioquímicas importantes.

La administración de suplementos de SAMe con o sin betaína a los pacientes enfermos de cirrosis alcohólica ha revelado unos efectos beneficiosos5. Otros estudios realizados con personas que sufren hepatitis virales crónicas han descubierto asimismo que la SAMe podía mejorar algunos parámetros.

Sin embargo, sigue habiendo pocos estudios y es necesario contar con nuevos trabajos para garantizar la eficacia y seguridad de estos suplementos. Las dosis de SAMe van de los 400 mg a los 1.200 mg/día.

 

> Plantearse tomar un suplemento de aminoácidos de cadena ramificada (BCAA)

La leucina, la isoleucina y la valina son tres aminoácidos, constituyentes pues de las proteínas, que poseen una estructura similar denominada “ramificada”. Todos son esenciales y comparten un sistema de transporte común, así como enzimas que se ocupan de ellos en el organismo.

 

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En un estudio, los investigadores analizaron los niveles de flúor de 38 bolsitas de té baratos de los que se venden en el supermercado y de otros tés de marca. Se preparó una infusión con cada bolsita y agua hirviendo durante dos minutos, y los investigadores valoraron la cantidad de flúor ingerido por aquellos que de media beben cuatro tazas al día (alrededor de un litro). Se considera que no deben consumirse más de 3-4 mg de flúor al día, incluso menos.

La planta de té acumula flúor al crecer. Las hojas más antiguas son las que contienen una mayor cantidad y también las que se utilizan para los tés de calidad inferior. Los brotes y las hojas más nuevas quedan reservados para los tés de marca y calidad superior.

Así, de media, un litro de té barato contenía 6 mg de flúor, es decir, el triple de los aportes recomendados.

Las diferencias entre los tés baratos y los tés de marcas de calidad son evidentes en el casode los tés negros y verdes. En este estudio, el té que presentaba las concentraciones más pequeñas de flúor, con una media de 0,7 mg/L, fue el oolong (té chino también conocido como “té azul”).

 

 

Los suplementos de BCAA (por sus siglas en inglés) se utilizan para mejorar la situación proteica de los pacientes con cirrosis. También reducen el riesgo de cáncer de hígado en los pacientes obesos y previenen la insuficiencia hepática.

Además, un estudio controlado ha demostrado que disminuyen el riesgo de cáncer de hígado en los pacientes con hepatitis viral crónica. En este estudio se suministraban suplementos de BCAA a razón de 12g/día6. Este beneficio se atribuye al impacto de los BCAA en la resistencia a la insulina. Estudios realizados con animales han descubierto adicionalmente que los BCAA frenan la infiltración de grasas en el hígado.

 

> Plantearse tomar un suplemento de vitaminas

Con las enfermedades hepáticas es frecuente tener déficits, sobre todo de vitamina K, D, E y A (las liposolubles).

Ya hemos hablado de la vitamina D. El caso de la vitamina A es delicado, puesto que se trata de una de las vitaminas que puede faltar durante una enfermedad del hígado, pero que por su parte, en una dosis alta, resulta tóxica para ese mismo órgano, ya que éste almacena entre un 50% y un 80% de las

reservas totales de vitamina A. Así pues, es necesario que controle sus niveles acudiendo al médico (dosis de retinol sérico) y, salvo que le digan lo contrario, no consuma grandes cantidades de foie gras y similares a la semana; evite tomar aceite de hígado de bacalao para mantener el nivel de vitamina D en invierno y, excepto en los casos de déficit demostrado, evite los suplementos alimenticios que aportan vitamina A en forma de retinol (opte por la que viene en forma de carotenoides).

En los casos de cirrosis, aunque no necesariamente en las demás enfermedades hepáticas, el nivel de homocisteína es mayor. Esta sustancia procede de la degradación de proteínas y tomada en exceso se considera tóxica. Se acumula cuando los aportes en folatos (vitamina B9), vitamina B6 y vitamina B12 son insuficientes. También se puede reducir consumiendo betaína (un suplemento esencial para la producción de ácido clorhídrico estomacal, que además es un protector hepático y un reductor de la homocisteína, que es además un factor de riesgo cardiovascular).

 

|Decepción con…

> El cardo mariano

Del cardo mariano (Silybum marianum) y de su principio activo, la silimarina, se esperaba mucho.

Un estudio había descubierto que el uso del cardo mariano en las personas con hepatitis C disminuía los síntomas de la enfermedad y mejoraba su calidad de vida, pero se trataba de un estudio de observación, así que no se podía establecer una relación de causa-efecto.

Por desgracia, en 2012 apareció un estudio controlado contra placebo que acabó con toda esperanza.

En este estudio, 154 personas que no habían respondido a un tratamiento antiviral estándar para la hepatitis crónica C recibieron 420 mg de silimarina, 700 mg de silimarina o bien un placebo, tres veces al día durante 24 semanas. Al terminar el tratamiento, los niveles en la sangre de una enzima que indica

el grado de afección hepática (alanina, aminotransferasa o ALT o GPT) eran parecidos en los tres grupos7.

Conclusión: puede probar a tomar cardo mariano o silimarina, pero no debe esperar grandes beneficios.

 

 

 

|Precaución con…

> El resveratrol

Este polifenol, que encontramos en estado natural en la uva, el vino tinto y los cacahuetes, también está a la venta en forma de suplemento alimenticio. Posee propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antienvejecimiento y activa una familia de proteínas implicadas en la longevidad (sirtuinas).

El resveratrol ha sido probado de manera experimental en estudios y ensayos clínicos de enfermedad hepática con resultados prometedores, sobre todo para prevenir las fibrosis. Numerosos pacientes con hepatitis crónica toman suplementos de resveratrol.

Pero un estudio reciente in vitro ha descubierto que favorece la replicación del virus de la hepatitis C8. Por tanto, hay que ser cautos y buscar la opinión o supervisión de un médico.

Las dosis de resveratrol oscilan por lo general entre los 20 mg y los 200 mg/día.

 

|Hable con su médico sobre…

> La glicirricina, principio activo del regaliz

La glicirricina (GL) se utiliza por vía intravenosa desde hace más de 30 años para tratar las enfermedades del hígado en los países asiáticos, sobre todo en Japón.

Estudios realizados en Asia y Europa han demostrado que la administración de GL en los pacientes con hepatitis C crónica produce una disminución de la inflamación y una mejora de la función hepática en muchos de ellos. Se han comprobado igualmente sus efectos en los pacientes que no responden al interferón.

Al administrarse como mínimo tres inyecciones a la semana durante un tratamiento de duración variable se observaba una disminución rápida de los niveles de ALT9.

En algunos estudios, el tratamiento a largo plazo con GL redujo la incidencia del cáncer de hígado. Si no responde al tratamiento clásico con interferón, podría plantearse probar con GL; las cantidades varían entre 3 dosis de 200 mg y 5 dosis 200 mg a la semana por vía intravenosa.

 

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